Ya no se inhala esa ira de "amor".
Ya no se trata de la ansiedad de una montaña rusa.
Ahora vivo en una barquita.
Tan solo oigo el agua apartándose,
siento su calidez estremecedora.
(Ni siquiera su mano me oprime al coger la mía.)
Ahora exhalo paz por donde piso.
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